
En un entorno donde la tecnología avanza a pasos agigantados, la delincuencia no se queda atrás. Atrás quedaron los días donde el robo de vehículos dependía exclusivamente de la fuerza bruta o el forzado de cerraduras; hoy, los propietarios se enfrentan a interceptores de señales y dispositivos de alta tecnología. Para conversar sobre este nuevo paradigma, ENRED dialogó con Milko Valle Obilinovic, Gerente del Área Técnica de IGLA Ecuador, quien lidera la introducción de una solución disruptiva que promete cambiar la seguridad automotriz en el país.
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Una apuesta por la prevención proactiva
IGLA llegó a Ecuador en 2023 tras observar un mercado saturado de dispositivos de rastreo (GPS) y cortacorrientes tradicionales que, aunque útiles, actúan principalmente después de que el incidente ha ocurrido. Valle explica que la visión de la marca es dar un giro de 180 grados: enfocarse en la inhibición en lugar de la recuperación.
“Nosotros somos proactivos. El dispositivo valida la autenticidad del conductor mediante tres métodos: un código PIN, un llavero de aproximación o la App móvil. Sin la clave, el vehículo simplemente no va a funcionar”.
Esta tecnología se aleja de las instalaciones invasivas. A diferencia de las alarmas convencionales que requieren extensos cableados, IGLA utiliza un sistema que se conecta al bus de datos del vehículo con apenas dos hilos, lo que lo hace imperceptible para los escáneres de los delincuentes. Su tamaño, similar al de un pendrive, permite ocultarlo en lugares de difícil acceso, evitando que el infractor pueda deshabilitarlo rápidamente.
Privacidad y blindaje contra inhibidores
Una de las mayores preocupaciones de los usuarios de vehículos de alta gama es la vulnerabilidad de sus datos. Sin embargo, Valle es enfático en aclarar que el dispositivo no extrae información personal ni de trayectorias para fines externos, priorizando la soberanía del propietario.
“El dispositivo está dormido y solo se activa al encender el carro para evaluar si eres el dueño. No emite señales constantes, por lo que es indetectable ante rastreadores de radiofrecuencia”.
Frente a la creciente disponibilidad de inhibidores de señal en el mercado —herramientas que los delincuentes usan para anular GPS y alarmas—, IGLA se mantiene un paso adelante. Al no depender únicamente de una señal externa para proteger el auto, el sistema garantiza que la seguridad convive en conjunto con la propia computadora del vehículo. El dispositivo ordena a la computadora realizar una acción, la inhibición o bloqueo de acuerdo con la configuración de IGLA para ese vehículo, ya que esa configuración es personalizada para la marca, modelo y año.
El futuro de la protección familiar y corporativa
El horizonte para IGLA en Ecuador es prometedor. Actualmente, la marca ya ofrece soluciones para el control de pequeñas flotas familiares, permitiendo que un jefe de hogar gestione la seguridad de varios vehículos desde una sola aplicación. Sin embargo, la mirada está puesta en el sector corporativo, donde se espera liberar próximamente sistemas de control de flotas de mayor escala.
La adaptabilidad es clave, pues el dispositivo es compatible con motocicletas, vans y furgones de reparto, sectores donde la continuidad del negocio depende directamente de la integridad de los activos.
El valor de la tranquilidad
Más allá de los algoritmos y la biometría que la marca explora para el futuro, el objetivo central es emocional y social. Existe una conciencia creciente sobre la seguridad de quienes más utilizan el vehículo, como las mujeres y familias que realizan trayectos cotidianos entre la escuela y el trabajo.
La meta es transformar la inversión que representa un vehículo en un activo verdaderamente protegido bajo cualquier circunstancia. Al integrar tecnología de origen internacional con un soporte técnico 24/7 desde Argentina y Rusia, se construye un ecosistema donde el propietario recupera el control total. La premisa es clara: brindar la certeza de que, sin importar los avances de la delincuencia tecnificada, el automóvil siempre permanecerá exactamente donde su dueño decidió estacionarlo.