En abril del 2020, al inicio de la pandemia de COVID-19, mientras lideraba un laboratorio de innovación enfocado en el desarrollo e implementación de soluciones tecnológicas, desarrollamos de urgencia cascos CPAP para evitar la intubación de pacientes críticos.
Estuve en primera línea validando la tecnología en UCI con éxito: funcionaba y podía salvar vidas. Pero chocamos contra tres paredes: un ecosistema desarticulado, más la ausencia de un entorno de pruebas controlado y una gigantesca barrera burocrática. Mientras el vacío legal frenó la implementación masiva en Ecuador, modelos similares de cascos CPAP en Perú e Italia lograron salvar cientos de vidas.
Esa experiencia me dejó una lección que no olvidaré: la tecnología o innovación no basta sin un ecosistema estructurado y sin un Estado que facilite su implementación. Seis años después, Ecuador lanza su primer Sandbox Regulatorio de Inteligencia Artificial. Este artículo explica qué es ese mecanismo, por qué llega en el momento justo y qué necesita para producir valor real.
Estamos en la adolescencia de la IA
La carrera por liderar la inteligencia artificial no es únicamente tecnológica: también es regulatoria. Según Dario Amodei, CEO de Anthropic ¨estamos entrando en la adolescencia de la IA¨, una etapa de transición en la que las reglas aún se están escribiendo y donde los errores pueden tener consecuencias duraderas, especialmente para los derechos humanos.
La IA no es solo una tecnología; es un fenómeno socio-tecnológico que está reconfigurando las relaciones entre conocimiento, poder, identidad y tiempo. Su desarrollo acelera el crecimiento económico, transforma prácticamente todos los sectores y da lugar a nuevos modelos sociales, que van desde la re-organización del trabajo, hasta la generación de nuevos sistemas educativos. Pero esta relación no es unidireccional: así como la tecnología influye en la sociedad, las decisiones colectivas también moldean el rumbo de la tecnología. En gran medida, también depende de nosotros decidir cómo, cuándo y bajo qué condiciones adoptarla.
Su potencial para reducir desigualdades y ayudar a resolver problemas complejos es enorme, pero los riesgos ya son visibles. La misma tecnología que optimiza el diagnóstico médico en zonas rurales, puede alimentar sistemas de vigilancia masiva y control social. La misma tecnología que acelera el acceso a crédito para pequeños emprendedores puede excluir a una joven de un empleo por sesgos históricos de género.
La diferencia entre una capacidad estratégica y un riesgo sistémico no la define el código: la define el marco institucional en el que opera, y quien diseña esos marcos regulatorios.
Cuando hablamos de IA responsable, el concepto suena abstracto. Muchas veces tratamos a la tecnología como si tuviera agencia propia, “la IA decidió”, “el algoritmo discriminó”, y eso diluye la responsabilidad humana. Otras veces, concentramos todo el peso en un solo actor, ignorando que hay decisiones en cada eslabón, desde las Big Tech que tienen o no marcos éticos, los gobiernos y estados que definen o no las reglas del juego, la academia, que anticipa o no riesgos sistémicos, las empresas de tecnología que adaptan o no estás tecnologías al contexto local o la sociedad civil organizada, participa o no en los procesos de diseño regulatorio.
El desafío central es diseñar marcos normativos que no se vuelvan obsoletos, que protejan a los ciudadanos y habiliten un cambio responsable, promoviendo la innovación en empresas, startups y pymes de la región. No es una tarea sencilla, pero es una tarea que se tiene que hacer. En Ecuador, al igual que muchos países en la región, hubo intentos de construir una ley de inteligencia artificial que no lograron consolidar. Pero existe otra oportunidad, el sandbox regulatorio. Un entorno controlado donde se puede experimentar, generar evidencia real y construir, desde esa evidencia, la regulación que todavía no existe.
El sandbox no es el destino, es la antesala…
¿Qué es un Sandbox Regulatorio?
Según BID “Los sandboxes regulatorios son marcos normativos que habilitan espacios supervisados y temporales para experimentar con tecnologías (como la IA), modelos de negocio y/ o regulaciones. Su objetivo es facilitar la innovación responsable equilibrándola con la protección y el aprendizaje regulatorio en entornos de rápida evolución tecnológica.¨ (Guridi & Trivelli, 2025, p. 2).
El término nació en el sector Fintech el 2015 con Project Innovate de la FCA, Reino Unido. Posterior a este sandbox se han ejecutado según el Centre for Competition Policy (CCP) de 199 sandboxes en 92 países (Markellos et al., 2024), principalmente en el sector financiero. Hay que considerar dos perspectivas sobre las aplicaciones iniciales del concepto.
La primera, es que las aplicaciones no se dirigen a una tecnología específica (como la IA), sino a un modelo socio-tecnológico; es decir, no se estaba flexibilizando o promoviendo la tecnología blockchain, ni dinero digital sino a la aplicación de esa tecnología en el sector Financiero (Fintech), este concepto migró a otros sectores como el Sandbox Regulatorio de Telemedicina en Singapur o el Sandbox de Drones Autónomos de Entrega en Alemania, que también consideraban una aplicación directa.
Otra perspectiva a considerar es que la aplicación de estos entornos de prueba consideran una o varias leyes que frenaban la innovación. En el caso Ecuatoriano, en una encuesta que realizamos a más de 50 desarrolladores e implementadores de IA dentro del Think a Do Tank Diálogos y Nuevas Tecnologías, preguntamos si han tenido alguna limitación regulatoria para innovar, las respuestas fueron que actualmente no encuentran leyes que limiten la innovación de proyectos de IA; al contrario, los encuestados mencionaron la falta acciones positivas para su desarrollo que también contempla una ley o una política pública.
Los Sandboxes están en su mayoría atados a una ley y sirven para ajustarla, aterrizar o generar reglamentos. Un ejemplo interesante del cambio en el modelo político-tecnológico, es del sandbox de IA de España, que contaba con un borrador de ley de la Unión Europea previamente y lo que hizo fue aprovechar el Sandbox para ajustar esta ley al contexto español. Lo que está pasando con los Sandbox de IA, es un reto, porque, en primer lugar, tienen la complejidad de no aterrizar a un sector, son transversales y en algunos países no tienen una ley que lo antecede, por lo que está naciendo un nuevo modelo:
El sandbox pre-regulatorio…
El mapa regional: tres tipos de acción regulatoria
Los países de América Latina no están en el mismo punto. Para entender dónde está cada uno, les comparto una investigación en curso, es útil pensar en tres tipos de acción regulatoria: 1. la Política Pública; 2. la Ley/o normativa; 3. Los Sandbox Regulatorios.
La primera acción es la política pública: la visión estratégica, las prioridades nacionales, el modelo de gobernanza, no regula todavía, pero marca el norte. La mayoría de la región está aquí: Uruguay, Colombia, Brasil, Perú, Costa Rica y Ecuador han diseñado líneas estratégicas con horizontes que van desde el 2026 hasta el 2030, algunas estrategias priorizan un enfoque centrado en el ser humano, el respeto a los derechos fundamentales y la ética; mientras otras potencian la transformación digital para el crecimiento económico.
La segunda acción la Ley o Normativa: aquí tenemos a Perú que aprobó el reglamento de su ley de IA en 2025, con un enfoque regulatorio basado en riesgos, en lugar de regular la inteligencia artificial como tecnología en abstracto, clasifica los sistemas de IA según su nivel de riesgo para las personas y sus derechos. A mayor riesgo, mayores obligaciones regulatorias; a menor riesgo, mayor espacio para la innovación. Seguido por Brasil que está en la recta final: su ley de IA ya fue aprobada por el Senado y hoy está en manos de la Cámara de Diputados para su votación definitiva.
Otros países como México, Costa Rica, Colombia y Argentina también tienen iniciativas legislativas sobre la mesa, una señal de que el debate regulatorio se está activando en toda la región.
La tercera acción son los Sandboxes Regulatorios: Uruguay los formalizó mediante decreto, Colombia implementó un Data Sandbox pionero para el sector público, Perú los integró dentro de su reglamento de IA. Cuando el Sandbox antecede a la ley, la experimentación controlada genera evidencia real, y esa evidencia es la materia prima para construir marcos normativos que no solo controlan los riesgos, sino que fomenten, habiliten y protejan los derechos humanos. Ecuador, ha lanzado su Sandbox aunque aún no se conocen los detalles.
Estas conclusiones se complementan con evidencia directa de quienes están construyendo IA en la región. En el contexto de la Cumbre de IA Latinoamericana SALA, organizada por la Universidad San Francisco de Quito, realicé entrevistas a seis líderes del ecosistema: desarrolladores de modelos como Latam GPT, fundadores de startups e investigadores académicos ¹.
Las conversaciones revelaron coincidencias significativas en los entrevistados. La principal limitante para el desarrollo de IA en la región no es la falta de talento, que existe y es sólido, sino la gobernanza de datos, el acceso a infraestructura de cómputo, la ausencia de políticas de datos abiertos, la escasez de financiamiento articulado para investigación. En cuanto a riesgos, varios de los entrevistados coincidieron en tres: la adopción de sistemas de IA sin salvaguardas adecuadas, la escasa representatividad local en los modelos, que heredan sesgos y prioridades de contextos lejanos a Latinoamérica.
Omar Flores, líder de pre entrenamiento de Latam GPT, lo formuló con precisión: Los riesgos que más me preocupan son ¨el de no hacer nada…esperar que alguien más resuelva los problemas… y el de creer que no podemos hacer tecnología propia, que siempre tiene que venir alguien de otro país a resolver lo que en realidad nos pertenece. Lo que nos falta para avanzar más rápido no es capacidad: es conocimiento compartido y voluntad de trabajar juntos.”
Un análisis en profundidad de estas entrevistas será publicado próximamente.
En estas entrevista contamos con Omar Flores, Líder de pre-entrenamiento de LatamGPT, Francisco Gómez, Universidad Nacional de Colombia e investigador adjunto de CERVO (instituto de investigación en cerebro) en Laval, Canadá; José Córdoba García, Espol, Manuel Ter, Físico de Partículas y Machine Learning, Vincent Mai, Chercheur Senior en IA LawZero y Anita Sancho, Universidad San Francisco y CEO Loopa Tech.
El Caso Ecuatoriano
Dentro de este mapa regional, Ecuador comienza a posicionarse. En marzo, el Ministerio de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, presentó oficialmente su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2025–2029, hito que nos posiciona junto a otros países de la región que ya avanzan en la construcción de marcos estratégicos para esta tecnología. La estrategia se organiza en tres pilares: Gobernanza de la IA, Adopción y Desarrollo, y Capacidad Tecnológica.
En esta estrategia se establece un Sandbox Regulatorio de IA, que ya está en proceso de diseño. La iniciativa la está llevando MINTEL con el apoyo de PNUD. Como parte del proceso se han realizado, entrevistas 1:1 y mesas de trabajo con la participación de otras carteras de estado, universidades y sociedad civil organizada. Desde Diálogos y Nuevas tecnologías fuimos parte de las entrevistas así como las mesas de trabajo. El objetivo es construir un modelo que combine innovación tecnológica con regulación ética, garantizando el uso responsable de los datos y la protección de derechos ciudadanos. Su diseño está en marcha y sus detalles serán comunicados oficialmente cuando corresponda.
El lanzamiento del Sandbox Regulatorio es un paso importante y responsable, la pregunta es ¿qué viene después?
En su concepción tradicional, un sandbox introduce un ambiente de pruebas temporal, presupuesto para el desarrollo, habilitación, exenciones técnicas, económicas, tributarias y/o flexibilidad regulatoria. Pero Ecuador no tiene ley de inteligencia artificial, y ahí está la paradoja interesante: un sandbox no puede flexibilizar lo que no existe. Sin embargo, puede hacer algo igual de importante: identificar riesgos que pueden tener alcances sistémicos, entender cómo se producen y generar evidencia real antes de regular.
Hay una oportunidad inmensa si este sandbox se usa como laboratorio de aprendizaje pre-regulatorio. Al recopilar evidencia, mapear riesgos reales y articular a la academia, empresas, Estado y sociedad civil, el experimento que además es temporal por diseño, se convierte en la antesala perfecta para la ley que Ecuador necesita construir. Una ley realmente acotada, desde y para el país.
Cuando hablamos de una ley, muchas veces pensamos en las restricciones, que son importantes si hablamos de riesgos sistémicos y afectaciones a los derechos humanos. Pero hay algo que es igual de importante, la ley como habilitante, sobre todo para el sector público, donde al contrario del sector privado, el Estado sólo puede hacer lo que la ley expresamente le faculta.
Esa ley podría habilitar, por ejemplo, la construcción de APIs que se conecten con plataformas de IA para la interpretación de datos abiertos públicos, o infraestructura para cálculo que necesitamos como desarrolladores. También podría promover innovaciones como las que comentaba al inicio del artículo, o anticipar el cambio mediante acciones como el acompañamiento a las personas cuyos roles serán ocupados por la IA.
Cualquier marco regulatorio de inteligencia artificial debe partir de una premisa irrenunciable: los derechos humanos consagrados en la Declaración Universal de 1948: privacidad, igualdad, libertad de expresión, trabajo digno, no son negociables. Todos ellos están bajo presión directa de los usos irresponsables de la IA. Reforzar los derechos humanos en el contexto de la IA no es un lujo ni un exceso: es el piso mínimo desde el cual debe construirse cualquier política pública.
El sandbox es una herramienta poderosa. Pero su valor real depende de para qué lo usamos, qué pasa después…
Conclusión
América Latina está en un momento que no se repite. La adolescencia de la IA es corta. En pocos años pasaremos de experimentar con la tecnología a convivir con sistemas que tomarán decisiones cada vez más complejas en nuestras economías y sociedades.
Es el momento para hacernos cargo y generar marcos normativos que promuevan y soporten adopciones e implementaciones socio-tecnológicas responsables, diseñadas para y desde nuestras realidades. Con tantas coincidencias entre nuestros países, tenemos todas las razones para construir estas soluciones en conjunto.
Ecuador tiene ante sí una oportunidad concreta, que puede replicarse en otros países de la región. Un sandbox bien diseñado, con gobernanza multiactor, resultados públicos y vinculación normativa explícita, puede ser el primer capítulo de una historia regulatoria coherente, construida desde y para el país, con evidencia propia e incidencia en Latinoamérica.
Pero eso requiere algo más que voluntad técnica. Requiere decisión política, escucha activa a todos los actores y resultados públicos que alimenten un proceso legislativo real.
El sandbox no es el destino. Es la antesala. Lo que construyamos en ella determinará la casa que habitaremos por décadas.