En la era de la transformación digital, la adaptabilidad empresarial ya no depende de la acumulación de datos, sino de la capacidad de interactuar con el entorno. Iván Terceros, sociólogo, promotor del conocimiento libre y cofundador de Openlab Ecuador, se ha consolidado como un referente clave en la gestión de metodologías horizontales y laboratorios ciudadanos en el país. Con una visión disruptiva, Terceros desafía los paradigmas corporativos tradicionales y propone un giro radical: transitar del control a la colaboración abierta. Para la comunidad de ENRED, su enfoque desmitifica la innovación abierta (Open Innovation) y la redefine como el núcleo de una nueva estructura organizacional.
Según Terceros, el primer error de las empresas es creer que la innovación abierta implica exponer sus activos estratégicos. “No consiste en abrirlo todo”, aclara. El verdadero cambio estructural radica en pasar de una cultura basada en el control del conocimiento a una fundamentada en la capacidad de aprendizaje. En un mundo complejo y de saberes distribuidos, permanecer aislado es el mayor riesgo. La ventaja competitiva moderna no pertenece a la organización que más sabe, sino a la que aprende y se adapta más rápido.
Este cambio cultural exige derribar las jerarquías verticales. Terceros sostiene que la horizontalidad no elimina el liderazgo, sino que lo transforma: el líder ya no es quien concentra las respuestas, sino un articulador que conecta capacidades, fomenta la diversidad de perfiles y genera confianza. Asimismo, destaca que las organizaciones deben aprender a convivir con el error. En lugar de castigar el fallo —lo que sepulta la creatividad interna—, las empresas deben adoptar la lógica de los hacklabs: experimentar, documentar y aprender de forma ágil.
Finalmente, Terceros advierte sobre el Open Washing, la práctica de usar discursos de “co-creación” como relaciones públicas mientras los procesos siguen cerrados. Para Ecuador y América Latina, la innovación abierta es la oportunidad para dejar de ser simples importadores de tecnologías empaquetadas y empezar a conectar estratégicamente a la academia, las empresas y las comunidades tecnológicas locales. El indicador real de éxito de una organización del futuro no será solo su producción, sino su capacidad colectiva para comprender, adaptar y transformar su entorno.