La transformación digital acelerada ha colocado a la ciberseguridad en el centro de las decisiones corporativas. Sin embargo, contar con presupuestos abultados no garantiza una protección integral. Los resultados para Latinoamérica del estudio 2027 Global Digital Trust Insights de PwC revelan un contraste evidente: mientras el 74% de las empresas planea incrementar sus presupuestos de ciberseguridad para 2027, solo un 42% cuenta con un plan de continuidad operativa formalizado e integrado para responder ante un ataque cibernético.
Esta brecha confirma que la resiliencia no se compra únicamente instalando software de última generación, sino fortaleciendo la gobernanza corporativa, anticipando escenarios de crisis y protegiendo el valor de la operación. De acuerdo con la investigación, apenas la mitad de las organizaciones mantiene el ciberriesgo como un punto permanente dentro de las agendas de sus directorios. La seguridad digital dejó de ser un asunto puramente técnico para transformarse en un pilar esencial de la estrategia directiva, donde la reputación y los resultados financieros están en juego.
En el ámbito de la innovación, el 68% de las compañías posiciona a la inteligencia artificial como una prioridad de inversión. No obstante, la adopción de herramientas autónomas exige cautela: el 55% de los líderes identifica la falta de madurez de la IA como un obstáculo importante y apenas el 22% autorizaría acciones defensivas de la IA sin supervisión humana directa. Asimismo, la gestión de datos sigue siendo una tarea pendiente, pues solo el 5% ha desplegado plenamente todas las medidas para resguardar su información.
En Ecuador, este escenario cobra mayor urgencia tras la entrada en vigor de la Ley Orgánica para el Fortalecimiento de la Ciberseguridad en mayo de 2026. Esta normativa exige una gestión rigurosa de riesgos, notificación inmediata de incidentes y fija sanciones que pueden alcanzar el 1,5% de las ventas anuales.
Más que un requisito legal, adecuar las estructuras digitales es hoy una ventaja competitiva. Las empresas que logren alinear su gobernanza tecnológica con la protección de datos no solo cumplirán la regulación, sino que garantizarán la confianza de sus clientes y la continuidad del negocio en un entorno cambiante.