Durante años, la conversación sobre la Inteligencia Artificial (IA) se centró en la capacidad de los algoritmos y la velocidad con la que los nuevos modelos irrumpen en el mercado. Sin embargo, el más reciente estudio del McKinsey Global Institute (MGI), titulado “The AI economy: Interconnected forces, feedback loops, and speeds of change”, revela un cambio de paradigma crucial: el verdadero cuello de botella para la expansión económica de la IA dejó de pertenecer al ámbito digital para instalarse de lleno en el mundo físico.
El informe de MGI plantea que el desarrollo global de esta tecnología ya no puede analizarse mediante proyecciones lineales simples, sino a través de la interacción de fuerzas que avanzan a tres velocidades muy distintas:
- Velocidad exponencial: Impulsada por el desarrollo de software, algoritmos e innovación digital, donde los costos bajan drásticamente y emergen modelos de negocio en cuestión de meses.
- Velocidad moderada: Marcada por la adopción en el entorno empresarial, la cual exige transformación cultural, capacitación de talento y rediseño profundo de procesos internos.
- Velocidad lenta: Condicionada por el mundo físico, que abarca la construcción de centros de datos, la producción global de semiconductores y, de manera crítica, la disponibilidad de infraestructura eléctrica y energía limpia.
Esta desconexión entre ritmos genera bucles de retroalimentación donde la aceleración del software presiona la capacidad real del entorno físico. La escasez de capacidad energética y de chips, junto con los costos de infraestructura, determinará qué sectores y naciones podrán realmente capitalizar las ventajas del auge tecnológico.
Para gobiernos, inversores y directivos, la lección es clara: el éxito en la era de la IA no dependerá solo de adoptar la última tecnología, sino de coordinar la estrategia operativa con la capacidad energética y logística del planeta.
Fuente: McKinsey & Company