En el panorama empresarial actual de Ecuador, caracterizado por apagones prolongados y una creciente ola de ciberataques, la capacidad de sostener las operaciones se ha convertido en el verdadero diferenciador de negocio. Sin embargo, la brecha entre tener un plan documentado y contar con una resiliencia real sigue siendo amplia.
Según José Pila Castillo, Gerente de Unidad de Negocio en SONDA, las organizaciones suelen tropezar en tres puntos críticos: la falta de redundancia energética adecuada, la ausencia de pruebas reales en sus planes de recuperación ante desastres y la carencia de un monitoreo proactivo que anticipe los fallos.
“Un plan de recuperación que no se simula periódicamente es solo una intención documentada, no una capacidad real del negocio”, señala Pila. Ante escenarios complejos, la recomendación se estructura en una estrategia clara de cuatro pasos: realizar un Análisis de Impacto al Negocio (BIA) para definir metas de RTO y RPO, diseñar una arquitectura técnica con replicación continua, implementar copias inmutables o aisladas contra ataques de ransomware, y ejecutar simulacros de conmutación frecuentes.
A nivel público y privado, tratar la energía y la ciberseguridad como riesgos aislados es un error estratégico. Un corte eléctrico puede precipitar decisiones apresuradas, como reactivar sistemas sin los parches de seguridad al día, abriendo la puerta a ofensivas digitales coordinadas.
Para las juntas directivas que aún perciben la continuidad tecnológica como un gasto, el argumento debe traducirse en métricas financieras. Con un costo promedio global del tiempo de inactividad estimado en USD 15.000 por minuto según estudios de la industria, la resiliencia digital deja de ser un debate técnico para convertirse en una decisión fundamental de gestión de riesgos.
Incluso para empresas con recursos limitados, el primer paso no requiere grandes presupuestos: basta con hacer un inventario de procesos críticos y validar la capacidad de restauración real de las copias de respaldo. La continuidad no se trata solo de sobrevivir a la crisis, sino de garantizar el futuro de la organización.